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Núria Barberà: Para traducir a Mao Zedong hay que viajar en el tiempo y situarte en la época revolucionaria

El 9 de septiembre de 2026 se cumplirá el cincuentenario de la muerte de Mao Zedong, líder chino del siglo XX que cambió considerablemente la historia de China e influyó sin lugar a dudas en el panorama mundial de aquella época. A raíz de la conmemoración, Rosita y Amparo, editorial joven e independiente dedicada a descubrir voces innovadoras y rescatar obras olvidadas, ha decidido sacar una versión nueva en catalán del Libro Rojo del legendario político y líder chino.

La figura del traductor en el proceso de la difusión textual o cultural pocas veces ha sido justamente valorada. Hasta no hace mucho, en las portadas de libros ni siquiera había un espacio reservado para el nombre del traductor y hoy en día, con la llegada repentina a pasos gigantes de la IA, cada vez más gente considera incluso la función del traductor como prescindible o innecesaria. Sin embargo, nadie puede negar que la comprensión cabal de un texto y la maestría idiomática del traductor ayudaría a que una buena obra sobresaliera, como la versión en español que hizo Julio Cortázar de los cuentos de Edgar Allan Poe, y, de lo contrario, una traducción mediocre podría eclipsar perfectamente una joya literaria.

Núria Barberà, traductora del Libro Rojo al catalán, confiesa que el papel de traductor es una cuestión sobre la que reflexionan los propios traductores continuamente también. Traducir nunca es una mera transmisión literal de significados, sino un “ejercicio utópico”, como decía Ortega y Gasset, de acercar mundos.



En cuanto al proceso de la traducción de este libro, ¿cuáles son las mayores dificultades que ha tenido?

- Para mí, lo más difícil en un inicio fue impregnarme del discurso que tenía Mao Zedong, de su forma de expresarse, de su forma de hablarle a su pueblo. Hay que entender su discurso y luego también entrar en el ámbito político. Ahí está el reto de sentirme responsable sobre lo que yo escribía.

Luego el tema de la intencionalidad del autor: cuál es su objetivo a la hora de escribir. Quería que el mensaje que él transmitía llegase con una misma intencionalidad y tono a mis lectores.

Y como la gran mayoría de lo que se encuentra traducido al catalán proviene o bien del español o bien del inglés y no desde el chino, sentía que se había perdido mucho por el camino. Necesitaba que mi traducción sí que fuese fiel. Durante ese proceso me he ido documentando mucho y he ido viendo cómo se han traducido ciertos conceptos al español y al inglés. Muchas veces me chocaba con esa traducción primera y cuestionaba si tengo el poder de cambiar absolutamente todo eso si ya se ha escrito tanto sobre ese término muy traducido. Por ejemplo, uno que me presentó un dilema fue el de máodùn (矛盾), que se ha traducido siempre como “contradicción” en los discursos de Mao, pero máodùn también puede ser “conflicto”. Pero no puedo cambiar absolutamente el discurso en conceptos tan consolidados como la teoría de las contradicciones. Si lo traduzco ya a “conflicto”, estoy abandonando un poco la terminología establecida.

Otra dificultad reseñable fue la histórica, por supuesto: tener que contextualizar todo el contenido en un periodo histórico concreto. Hay muchísimas menciones a batallas, guerras, zonas, personajes que se deben entender bien, contextualizar correctamente y, por último, decidir cómo se traducen. En este aspecto, Mao Zedong muchas veces abrevia mucho. Dentro de esa abreviación tengo que entender a qué se está refiriendo. Me suponía mucha búsqueda.


- Supongo que los discursos políticos son distintos según diferentes épocas. ¿Ha tenido que "actualizar" el discurso de Mao en la traducción?

- Los presidentes de hoy en día seguramente no tienen un discurso de los presidentes de los años sesenta. Mao Zedong tiene una oratoria muy concreta de un contexto histórico. La editorial me pedía que la traducción sea más o menos cercana a nuestra actualidad, pedía una forma de expresión más actual, no tan anclada en el tiempo. Porque hay muchas traducciones al español que tienen una oratoria muy arcaica, que también aleja mucho en la lectura.

Y en cuanto a la técnica, también fue un reto decidir cuándo era necesario añadir notas al pie y cómo las redactaba. En mi traducción hay 48 notas al pie, lo que ya determina bastante la magnitud de mi trabajo de investigación.


- Para llevar a cabo la labor de la traducción, ¿ha tenido que consultar muchos trabajos existentes ya traducidos al castellano y catalán sobre el siglo XX de China o Mao Zedong en particular?

- Lo primero que hice fue comprar los libritos originales en chino. Compré dos o tres ediciones distintas porque me parecía importante confirmar que el contenido estaba bien e idéntico. Y sí que vi unas discrepancias entre unos y otros y tuve que confirmar cuál es la versión más nueva, la correcta. Y luego me empapé un poquito de Mao Zedong pero primero sólo en chino. Quería leer sólo chino, busqué los artículos en chino y su historia. Sí que compré uno de los libros traducidos al español, pero no me lo leí en un primer momento porque pensaba que me condicionaría mucho. No me buscaba muchos recursos en el español porque quería enfocarme en el chino.


- Supongo que existía antes alguna versión en catalán del Libro Rojo. ¿Es su traducción la primera versión hecha directamente del chino?

- No, en catalán no hay otra versión del libro y actualmente es la única publicada. En internet dicen que la izquierda catalana hizo una traducción, pero no consta. Poder traducirlo (al catalán) ha sido una experiencia emocionante.


- El Libro Rojo fue un producto de una época complicada. ¿Cómo son los preparativos de la labor para traducir este libro en particular?

-Sí, sobre todo porque precisamente, al ser una época complicada, hay que cuidar mucho el lenguaje que escoges, y eso implica no sólo la precisión en las palabras sino también la intención y el tono. En este libro no podemos hablar de Japón como un mero actor histórico, sino que hay que hablar de Japón desde una mirada crítica, de odio y atacante. No puedes suavizar conceptos y opiniones. Creo que es importante mantener ese punto de vista no neutro porque no lo es. 

Hay que entender mucho el contexto de ese momento histórico y ponerte en ese lugar. Un poco viajar en el tiempo y situarte en esa época revolucionaria.


Foto de Wikipedia
Foto de Wikipedia

-El Libro Rojo, más que una recopilación de los estudios de Mao, está compuesto por párrafos seleccionados y ordenados según unos temas concretos para mayor difusión y enfocado en un público más amplio. ¿Qué piensa del criterio o de la función del antólogo en este caso?

-Sí, exacto, es una recopilación de citas extraídas de unos artículos más extensos de Mao con mucha intencionalidad. Creo que aquí el antólogo, Lin Biao, quiso compartir lo más destacable desde un punto de vista más social, más dirigido a su ciudadanía, al ciudadano de a pie. Recortar y seleccionar los mensajes con objetivos. El objetivo de este libro es guiar en la conducta y en el pensamiento de todo un pueblo que no tiene ni otros referentes ni otras directrices; un pueblo, por lo tanto, moldeable y manipulable. Por este mismo motivo, pienso que el libro está estructurado en distintas categorías, fáciles de identificar que, además, permiten sentirse identificado. El uso de citas que contienen muchos proverbios clásicos también permite que el lector capte el mensaje de una forma llana, amena.

En esa época los ciudadanos de a pie tampoco tendrían mucho acceso a otros documentos. Ahora mismo nosotros podemos leer el artículo completo de esa cita concreta, pero en ese momento era lo único que podía leer el pueblo.


- ¿Cómo ve la conexión entre los mensajes cortos del libro y el fanatismo popular de la época? Porque el Libro Rojo parece una colección de tuits de aquel entonces. Igual que los eslóganes o vídeos cortos de ahora, el libro aportaba información fragmentaria y simplificada.

-Me ha encantado la comparativa con los tuits. Realmente es así, son fragmentos cortos dirigidos a un público concreto y con una intencionalidad muy concreta. Para entender algunos de estos fragmentos, es necesario entender también su contexto no solo histórico sino de ese artículo del que cuelgan estos fragmentos. Yo tuve que leer también esos artículos más extensos para poder entender el significado de los fragmentos que tenía que traducir. Porque no son resúmenes, sino que son trozos que se copian de un soporte y se pegan en otro soporte; precisamente por eso, también pueden dar lugar a interpretaciones sesgadas que refuerzan aún más esa función manipulativa hacia el lector. “Yo no quiero que leas todo el discurso, quiero que leas este trozo en concreto que es el que me interesa que repitas y reproduzcas.” En esa época no había ni vídeos ni mensajes cortos y la gente sí se podía permitir esa concentración que ahora no tenemos. Pero sí que lo corto impacta más y puede llegar más rápido al público y hacerle al pueblo que se impregne de ese discurso.


- Mao Zedong es un personaje muy complejo. ¿Ha cambiado algo su percepción sobre él antes y después del trabajo de traducción? ¿Qué es lo que más le ha sorprendido de él?

- ¡Sí! La verdad es que me ha pasado una cosa muy curiosa, porque mientras traducía este libro me sentía muy conectada con él, en el buen sentido de la palabra. Me metí tan de lleno en el texto que yo también llegué a leer su discurso como ese lector objetivo al que él se dirigía. Humanicé mucho al personaje y le cogí cariño. Y creo que fue desde ese cariño que pude plasmar mejor su discurso y su tono. Si yo hubiese leído su discurso desde la aversión o desde ese punto de vista más occidental, quizás mi traducción no hubiese logrado la fidelidad que requiere. Porque él trata muy bien al pueblo, lo hace partícipe de su lucha, lo considera de tú a tú con camaradería y te sientes conectada con el discurso. Lo he traducido con más ternura.


- Después de este trabajo, ¿hay alguna parte de la historia o algún personaje que te ha llamado la atención para seguir profundizando?

La verdad es que me encantaría traducir alguna novela que me pueda permitir ahondar más en las vidas de las personas que vivieron esa época. Ya no solo en la Revolución Cultural (porque hay muuuuchas novelas de este periodo histórico) sino en cualquier época en la que Mao Zedong fuese un personaje influyente. Creo que el discurso político es interesante, pero me he quedado con las ganas de traducir algo más novelesco, más prosaico.


- El papel del traductor ha cambiado mucho en la última década con la vorágine de la IA y muchos creen que ahora apenas hace falta estudiar un idioma extranjero. ¿Cómo ve el papel del traductor hoy en día?

-La pregunta del millón, jeje. Eso lo pregunta casi todo el mundo hoy en día y nosotros a nosotros mismos también. Es una pregunta que nos hacemos constantemente y que yo intento argumentar constantemente a favor del traductor humano.  Yo sigo pensando que no hay herramienta ni máquina que pueda sustituir la mente humana. Sí que entiendo que ha cambiado obviamente el paradigma, ha cambiado la forma de que nos acercamos a un texto de otra lengua porque ahora es mucho más alcanzable. Pero de ahí a que asumamos todos que lo hace todo una máquina hay una distancia muy grande. Por supuesto que no puedo ir en contra de los avances tecnológicos y del ritmo acelerado de la vida: una vida en la que parece que lo único importante sea la inmediatez y el ahorro. Considero que sí que hay espacio para la “sustitución” del traductor humano en algunos procesos que son más fácilmente automatizables (traducciones más técnicas, repetitivas, revisión, etc.), pero una dependencia total es peligrosa. Aquí hay un riesgo de que la gente normal no profesional ya empieza a aceptar esa traducción mal hecha. Como ya se entiende, ya está.


- ¿Cómo es el modo común actualmente de trabajar con la IA para un traductor?

 - Ahora la tendencia es que la IA traduzca y la persona revise. Aquí también le veo riesgo, porque si dejamos que primero actúe la máquina, nuestro cerebro está perdiendo una capacidad de esfuerzo y de análisis muy importante. Claro que es más rápido pasar un texto primero por una máquina, pero es que esta rapidez puede ir en detrimento de mi capacidad de análisis, porque presupongo que la máquina ha hecho una reflexión previa que ya no es necesaria y voy directamente a la revisión simple. Hay una parte que puede hacer una máquina y que facilita las cosas, que optimiza el coste y el tiempo. Pero que no se deje al humano en un segundo paso y no sea de repente sólo quien revisa lo que hace una máquina. La máquina que hace la traducción ha podido filtrar, quitar, omitir. No puedo revisar un texto hecho sin ver el original. Es un riesgo importante al que no se está dando importancia. Todo eso de post edición: me llega un texto en español y lo reviso y no tengo acceso al texto original. Porque al tener el acceso al texto original mi precio ya es superior.


- ¿Qué pueden hacer los traductores en este caso para evitar el monopolio de la IA?

Creo que aquí los traductores tenemos un papel o una responsabilidad de dar a entender al mundo que una traducción mal hecha no es válida y no la podemos aceptar. Igual que no aceptamos un diagnóstico mal hecho. Pero parece que cuando hablamos de lengua, todo vale.

Es importante educar, hacer un poco de pedagogía con los clientes y los lectores. Todos somos usuarios de textos y todos somos lectores. Parece que la IA ha llegado y lo ha bombardeado todo. Quizá hay que bajar un poco ese subidón.

En traducción literaria aún soy más radical: yo creo que la IA no tiene cabida. Yo no me voy a fiar nunca de un libro traducido por una máquina (ya se han hecho pruebas y hay lectores que lo aceptan; eso sí que da miedo).

 
 
 

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