Las Humanidades, el volante del desarrollo social
- XXZ
- 23 abr
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Actualizado: hace 5 días
El declive de las Humanidades en las instituciones educativas es un fenómeno global durante los últimos años. Aparte de la falta de financiación y de los recortes de plantilla, la popularidad de las disciplinas humanitarias se ha visto enormemente disminuida en la sociedad y, sobre todo, entre los jóvenes. Peor aún, existe un palpable desinterés o casi desprecio común por disciplinas como la Literatura, el Arte, la Historia y la Filosofía, que se consideran inútiles e incluso, en muchas ocasiones, fuentes de narcicismo y pedantería.

Los factores que contribuyen a esta dolorosa desdicha de las Humanidades son varios.
La primera y primordial razón consiste, sin duda, en la obvia falta de posibilidades laborales que aportará una carrera como Historia o Filosofía. La enseñanza superior de hoy en día se deja orientar inevitablemente también por la demanda social. La prioridad más inminente y la mayor preocupación de la juventud actual no será averiguar el Mito de la Caverna, sino evitar la exclusión en el mercado laboral. El discurso de "medio pan y un libro" de Lorca es muy tierno, pero a falta del medio pan, el libro no sería tan urgente.
En segundo lugar, el pánico frente a la invasión veloz de la Inteligencia Artificial y la consecuente sustitución de innumerables oficios tradicionales impone mayor ponderación a la hora de elegir una carrera universitaria. No sólo son los redactores, editores o intérpretes quienes se ven amenazados, sino que hasta los diseñadores o los propios programadores palparán también el riesgo de encontrarse relevados. La incertidumbre ante un mundo tan mutante hace que las Humanidades, aparentemente más sustituibles por la IA, sean menos preferibles para los jóvenes ávidos de independencia y autosuficiencia económica.
Otro motivo por el que las Humanidades se han vuelto cada vez menos relevantes para la gente de a pie está, "disculpadme la osadía", en el propio plan y diseño de enseñanza de estas disciplinas. La misión de las Humanidades consiste en ayudar a construir la cosmovisión y metodología al individuo para un mejor conocimiento propio y del mundo exterior y de esta manera, finalmente, ser feliz. Sin embargo, en las instituciones educativas se ve cada vez una mayor intensificación académica y tecnificación de conocimientos, lo cual aleja los gozos artísticos, las lecciones históricas y las reflexiones filosóficas de la vida real de las personas. Por otro lado, en el centro de investigación de dichas disciplinas escasean planteamientos originales y prácticos y abundan exégesis e interpretaciones sobre los trabajos y contribuciones anteriores, es decir, hay más estudios sobre estudios y más libros sobre libros. En vez de aportar nuevas reflexiones, lo que han venido construyendo en décadas ha sido un laberíntico bosque de citas e hiperenlaces.
Otro factor dominante es el innegable cambio de la actual manera de comunicación. La difusión fragmentaria e inmediata de información o desinformación impide todavía más el desarrollo de las humanidades, que requiere un reposado output basado en permanente aprendizaje, agotadora reflexión y exquisitas habilidades expresivas. Los mensajes con más flujo de datos y mayor influencia son eslóganes cortos y provocadores de un solo vistazo y los vídeos con más visualizaciones y transmisiones son imágenes acumuladas o fragmentos no superiores a un minuto o menos, lo cual imposibilita una reflexión exhaustiva y argumentación minuciosa. Frente a esta tendencia general, los propios profesantes de las Humanidades, digamos, cedemos, o bien por resignación o bien por supervivencia, nos abstenemos de análisis, reflexión y argumentación, que son nuestras armas, nos quedamos también con las bobadas intelectuales o emocionales para ganar un poco de la escasa atención que nos tocará gracias a la tiranía del algoritmo.
Sin embargo, ¿es cierto que hoy en día las Humanidades ya no sirven, siendo poco lucrativos desde la perspectiva utilitarista, ni sobrevivirán, frente a los sólidos obstáculos tecnológicos e informáticos?
Para empezar, pregunto: ¿quién no ha estado cantando alguna vez en su vida 19 días y 500 noches en un rincón llorando como un niño insatisfecho, cuando lo deja su pareja? ¿No te transmite energía y paz cuando escuchas Odas a la alegría? ¿No sientes un toque de deidad o serenidad al encontrarte frente al "Cristo crucificado" de Velázquez? ¿No te has identificado alguna vez con el Quijote cuando tu entorno entero te toma por insensato o despistado debido a una decisión tuya? Pues ahí está la primera utilidad de las Humanidades: nos han regalado un sinfín de tesoros que nos consuelan, animan e ilustran en nuestros vaivenes tristes, desganados y confusos. Es decir, si los logros científicos y tecnológicos conducen la sociedad humana hacia el futuro y nos ayudan a avanzar, son las riquezas humanísticas lo que nos respalda y sostiene (falta de concordancia: las que nos respaldan y sostienen) a cada uno de nosotros para atravesar los sufrimientos, dificultades e indecisiones inmediatos y actuales.
Asimismo, si la formación individual se centra exclusivamente en el trabajo que uno va a tener o el oficio que va a ejercer, estamos focalizando todo el valor humano en su función laboral, ignorando que la finalidad de trabajo reside en ayudar a vivir mejor y no al revés. Si uno ya no se interesa por saber de dónde vienen sus alegrías, tristezas, frustraciones, dudas e iras ni dispone de los conocimientos básicos para analizar y canalizar algunas emociones desafiantes, está en un peligroso proceso de cosificarse del todo a sí mismo. Dejaríamos de ser humanos y nos convertiríamos en un tornillo perfecto para que la enorme fábrica de ilusiones nunca deje de marchar.
Dejando de lado la propia felicidad individualista y, a lo mejor, reprochable, ¿aportan algo las Humanidades a nuestra comunidad y sociedad? Sí, y mucho. El sinólogo y catedrático Xu Zidong, en una entrevista reciente, ha dado la mejor metáfora que he conocido sobre los papeles de las disciplinas STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) y las humanitarias. Dice que si los avances tecnológicos fueran el acelerador del vehículo de desarrollo social, las enseñanzas humanitarias serían el volante. O sea, si una sociedad olvidara o ignorara los valores como equidad, justicia, libertad, amor, solidaridad, entre otros, y se enfocara únicamente en inventar cosas nuevas sin aplicar los principios fundamentales que regulen el uso de estas cosas, acabaríamos por perdernos o incluso estrellarnos. El profesor Xu ejemplifica sus palabras con unas gafas novedosas que tienen una cámara integrada que le han regalado y advierte el posible peligro si estas gafas maravillosas las llega a manejar alguien sin ningún escrúpulo moral o legal. El valor y la utilidad de las Humanidades, que no es cuantificable, son ideas, pensamientos, belleza, crítica, entre otros, y todo esto es como la capa de ozono: es invisible, pero si desapareciera, las vidas se aniquilarían también.
Además, es en este tiempo actual en el que nos vemos funcionalmente amenazados por la IA cuando precisamente hace más falta encontrar y reforzar lo que nos hace esencialmente humanos. No somos datos acumulados con una memoria infalible. Somos una selva subjetivamente diseñada con sus recovecos únicos por nuestra percepción limitada, conocimiento restringido y memoria imperfecta. El edificio cognitivo del ser humano, agudizado por nuestra sensibilidad, está en perpetua construcción. Los factores explícitos de una disciplina humanitaria como técnicas, datos, estilos, etc. serían sustituibles por una IA más madura y refinada, mas también existe otra parte implícita pero esencial en las creaciones humanas: la percepción y la experiencia de cada uno. Y esto no se podría sustituir nunca, ya que aunque Van Gogh y Picasso pintaran el mismo atardecer en el mismo sitio a la misma hora utilizando los mismos pinceles, saldrían colores, formas y perspectivas completamente distintas. Por lo tanto, si no queremos ser sopesados al lado de un programa de la IA, necesitamos precisamente saber formarnos como humanos y excavar nuestras posibilidades creativas.


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